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viernes, 31 de agosto de 2018

OrigiReto de agosto: Relatos 1 y 2

¡Yey! Ahora sí que sí. Aquí mis dos relatos de agosto para el #OrigiReto2018, estupendo reto de escritura creativa que llevo junto a Stiby. Como ya sabéis quienes seguís el Blog o mi gentecilla del OrigiReto, exceptuando Julio que puede leerse independientemente al resto, mis relatos son correlativos, por lo que recomiendo empezar leyendo enero, dónde podréis encontrar los capítulos uno y dos. Os dejo AQUI la entrada con la recopilación de relatos en orden y algunos audios. Y como siempre, añado los enlaces a las bases del reto de este mismo BLOG y en el de STIBY. Os dejo con
los relatos que corresponden a los capítulos 13 y 14 y algo de música para acompañar ;3


Tema: Drift away, de Rameses B y Veela.




Sin final felíz

Total, que debían ser los primeros años de 1800, la humanidad ya no vivía en chabolas, al menos no toda, la sociedad progresaba, era cívica, tolerante y la minoría de población mágica convivía con la normal. Porque siempre hay una normalidad y lo que se sale de ella, lo que no es normal entonces, ¿qué es? Raro, feo, se oculta, se finge que no pasa nada y que todo el mundo tiene los mismos derechos y responsabilidades, mientras apartan la vista de la gente pecosa por tener rasgos de hada y miran para otro lado cuando alguien les tiende una mano palmeada. Tolerancia de la de que todo está bien, bien pero lejos. Así que, ¿qué puedo decir? Aquello era lo más estúpido que se le había podido ocurrir a su falso padre de pacotilla. Solo pude pestañear atónito. Debió darse cuenta porque lo repitió.

¡Me voy a La Catedral! Seré Sacerdotisa del Reino.


Sonreía, pero podía sentir su desconsuelo mientras aquella lluvia injustamente fría empapaba su uniforme de estudiante. Se lo había puesto por mí, para que viera en qué iba a convertirse antes de marcharse a la capital dejándome atrás. Pero ese no era el problema. No solo se marchaba, era para quedarse. La Catedral era una institución de aprendizaje, un internado, donde la clase alta y las pocas familias nobles que quedaban, enviaban a sus hijos, junto a una preselección de críos mediocres, a aprender lo necesario para seguir con roles hereditarios de la corte y derivados. Seguridad extrema, protecciones mágicas y barreras de energía, con las que no había tenido muy buenas experiencias. Acercarte sin que te detectaran era imposible. No podría verla hasta que regresara. Pero eso no era lo peor. Había dos clases de estudiantes diferenciados por el color del uniforme: Los “Éstandar” vestían el color rojo y los “Especiales” o mágicos, el azul. Nia iba de rojo, y yo no entendía nada. Quizá no tuviera magia, ¡pero era una pyukee!¿Como demonios iba a meterse en La Catedral haciéndose pasar por humana sin hacer saltar todas las alarmas?

¿Qué pasa, Lobo? —Sí, así me llamaba, no era original, pero teniendo en cuenta que era la forma corpórea que solía tener...— ¿No te gusta mi ropa?... Sé que es triste que no podamos vernos, pero vendré a visitarte, lo prometo, y cuando todo termine, te llevaré conmigo y nunca más tendrás que quedarte solo.

Joder, aquello era lo más parecido a una declaración de amor eterno que le había escuchado hasta el momento, y vale que sonaba un poco a cliché y más a buenas intenciones que a juramento, pero me cabreó que justo en ese instante alguien decidiera arruinar el ambiente.

Eran dos. Brutos de pies torpes que al avanzar destrozaban la vegetación sin miramientos. Siguieron el rastro de Nía. Una joven noble con esa apariencia de ángel, sola en el bosque, es en sí un botín valioso. Intenté alejarla de allí, pero llegaron rápido. Voy a resumir la escena, porque fue un momento chungo, no tenía energía suficiente para enfrentarme a los dos físicamente, cambiar de forma implicaba mostrar mi naturaleza real a Nía y eso no podía pasar, pero mientras pensaba un plan esperando a que ella no llorara y saliera corriendo para seguirla, su reacción no solo me sorprendió, me dejó como un idiota.

Nia me cubrió. Tiró de su capa roja de estudiante a un lado, dejándome tras ella y ocultándome de la vista de los Bandidos. Y yo tomándola por una mocosa llorica... Cuando los dos tipos se plantaron ante ella, les miró con firmeza, tan serena y segura, que por un momento la confusión les hizo dudar. Fue ella quien habló primero, tras varios segundos de miradas y silencios.

¿Puedo ayudarles, caballeros?
¿Te has perdido, niña? Podemos llevarte al pueblo...
Gracias, pero estoy perfectamente. Sé llegar al pueblo, si fuera necesario.
Eres muy pequeña para estar aquí sola...
El tipo miró alrededor buscando posibles acompañantes,asta que reparó en mí y Nia me ocultó de nuevo.
¡No soy pequeña, tengo doce años!

Quizá pensaron que trataba de ser valiente o que era realmente ingénua, pero desde mi posición, podía ver temblar sus deditos cruzados tras la espalda, y en el momento en el que uno de ellos la agarró, sentí el terror recorriendole las venas como un rayo negro y fugaz, ramificándose en su interior una y otra vez con cada latido de su corazón.

Déjate de tonterías, está sola. Agarrad a la alimaña, es rara, quizá tenga algún valor. Yo llevaré a la niña.

No sé como, pero en cuanto me agarraron, Nia le asestó un rodillazo en el costado al tipo que hizo que la soltara mientras ella gritaba que me dejaran en paz. Corrió hacia mí y trató de arrebatarme de las manos del otro tío para salir corriendo, pero pesaba demasiado para ella y no me iba a soltar. Cuando vi que la agarraban de nuevo mientras me llamaba desesperada, ya no me pude contener. Desprendí una llamarada negra que abrasó las manos del tipo que me sujetaba y salté al cuello del otro, desgarrándolo. Murió desangrado en segundos mientras me alimentaba de su energía, triplicando mi tamaño.

Delante de Nia.

La verdad, no lo pensé demasiado, solo reaccioné. Para cuando me di cuenta, el otro tipo había desaparecido y Nia estaba en shock, así que la agarré de la ropa con las fauces y salí corriendo. Volverían.

Nos oculte lejos, en la maleza junto al lago, pero no tardaron en aparecer. Había matado a alguien y querían justicia. Traté de proteger a Nía con mi cuerpo mientras me tiraban piedras y me llamaban monstruo. Y por un momento, viéndola tendida en el suelo debajo de mí, con su pelo blanco formando filigranas sobre la capa roja que había rasgado con mis colmillos al llevarla, recordé el cuento de Caperucita Roja y entendí que yo era el Lobo Feroz.

Me querían a mí.

En cuanto me aparté de ella se la llevaron, y yo caí al lago, entre pedradas y disparos de los guardias de Eru, que se habían unido a la búsqueda. Mi cuerpo estaba tan dañado que teñí el agua de negro mientras me hundía lentamente, y perdí el conocimiento sintiendo como Nia se alejaba cada vez más.


Agosto1
Título: Sin final feliz.
Objetivo: 11- Cambia de época una historia conocida.
Género: Fantástico





Azul

Lo primero que sintió al despertar fue dolor, pero se estaba curando y un resplandor anaranjado y borroso lo cubría todo. Estaba hasta las narices de esa sensación ingrávida y vacía y del odio rancio y sin sentido que le llegaba desde la turba furiosa que esperaba en la superficie, vertiendo desde la orilla cualquier cosa que prendiera. Ya había anochecido, ¿cuántas horas habían pasado? O días. Escuchó entonces el burbujeo crujiente de las llamas a través del agua, y se despabiló al notar su cuerpo vibrando por la aplastante fuerza mágica del lecho fangoso. El poder del lugar era aplastante, la energía arrolladora de aquél antiguo cementerio olvidado le recorría la esencia como si quisiera metérsele dentro, así que tomó para sí cada partícula de energía hasta que no quedó nada.

Resurgió del lago uniendo la superficie incendiada a su cuerpo como una extensión, como el mismísimo dios de los infiernos vistiendo su capa ígnea de gala. Era grande, enorme, y terroríficamente poderoso. No había perdido su forma de lobo de sombras, pero se alzaba sobre las patas traseras tomando forma casi humana. Era negro y brillante como la tinta, una niebla negra le rodeaba y las llamas rojas como la sangre eran lo único que separaba su silueta del oscuro cielo nocturno de aquella noche sin luna.

No necesitó acercarseles para terminar con sus miserables existencias, les pulverizó y desintegró sus cenizas con un solo gesto. Sus vidas, sus conocimientos, sus sueños y sus experiencias... todo se redujo a pequeñas florituras de humo azulado, fuegos fatuos, docenas de almas que engulló atrayéndolas hacia sí, dejando una estela de hilos como una urdimbre unida en un punto de fuga.

Sus ojos azul neón, buscaron a Nia a pesar de que no podía sentirla. No estaba allí. No estaba en ninguna parte. ¿Cómo demonios iba a encontrarla?


********


Salió de los dormitorios sola y bajó la escalera hacia la sala común. Solía frecuentar la biblioteca, pero era día de visitas y las zonas de descanso estaban abarrotadas. Además, pronto sería El Día del Rey, la gente esperaba con ansias la festividad y el ambiente era más jovial y ruidoso de lo normal. Cada 40 años, además, el Rey Zoilo renovaba el juramento, mostraba la corona al pueblo como símbolo de compromiso y como siempre, tomaba a doce estudiantes "Estándar" como pupilos y futuros dirigentes del país, entre los que se encontraban los cargos de Capitán de la Guardia Real y el de Sacerdotisa del Reino, para el que Nora llevaba siete años estudiando. También se elegía a diez estudiantes "Especiales", los de más poder mágico, para darles la protección del Rey.

Se suponía que algo así con seres mágicos, y no solo jóvenes normales de clase alta, debía mejorar las relaciones entre ambas partes de una sociedad fragmentada, pero no había forma de ocultar los rumores de que cada año, esos diez estudiantes "Especiales" desaparecían por completo y jamás volvía a saberse de ellos. Decían que eran enviados a reinos remotos, o que estaban en el castillo, demasiado ocupados en sus tareas como para salir... Pero fuera cierto o no, nadie les veía de nuevo.

Nora no quería pensar en esas cosas, había elegido ser Sacerdotisa del Reino para ayudar a mejorar las relaciones con las criaturas mágicas. Eso hacían las Sacerdotisas, sanaban, protegían, podían crear barreras y conjuros de sanación sencillos, aunque ella era una absoluta negada, ayudaban a humanos y mágicos por igual... Y eran las únicas con permiso para tomar como familiar a una criatura mágica, bajo el consentimiento legal de la corte.

Aún habiendo transcurrido más de siete años, recordar el motivo de su elección le hacía apretar los dientes y contener las lágrimas. La única criatura que le había importado jamás, que la había hecho sentir viva, con quien tenía un vínculo especial, Lobo, había muerto ante sus ojos a manos de salvajes por intentar salvarla. Y no había podido hacer nada en absoluto. Se la habían llevado a la fuerza del lago, y no dejó de gritar que era inocente, que la salvó. Nunca iba a olvidar aquella mirada azul y preocupada mientras la protegía de las pedradas indiscriminadas de aquellos desalmados rabiosos. Lo asesinaron, buscando una falsa justicia en lugar de escucharla a ella, su versión, y tuvo que ver como se hundía en el lago y le prendían fuego. No volvió a casa, la enviaron directa a La Catedral manchada con su sangre y el uniforme desgarrado, a un futuro que ya no tenía ningún sentido, ¿para qué iba a querer ser sacerdotisa sin Lobo? Tampoco supo más de sus padres adoptivos.


Pero la vida seguía, nunca podría volver a ver a Lobo, en esta vida al menos, pero Nora sabía que la gente mágica necesitaba ayuda y ella quería ser esa ayuda. O al menos tenía la buena intención. Se le daba bien la teoría, pero en la práctica, no había podido realizar ni uno solo de los encantamientos con éxito. Por eso estaba haciendo clases extra y aunque tenía claro que era imposible llegar a ser Sacerdotisa del Reino, las sacerdotisas normales también hacían cosas buenas sin conjuros...

Avanzó por los pasillos con el cuerpecito erguido y la barbilla bien alta, sus 112 centímetros de altura la acomplejaban, pero no dejaba que los demás lo tomaran como un punto débil donde atacarla. No había crecido desde que entró en La Catedral y eso la aterraba, tenía diecinueve años, le faltaba solo un año para terminar los estudios y alcanzar la mayoría de edad, pero seguía aparentando doce. Su buen juicio, actitud correcta y respeto hacia todos por igual, la habían convertido en algo así como un ejemplo a seguir. Que fuera noble, evidentemente, se lo había puesto más fácil para algunas cosas y bastante menos para otras. La apodaban la Princesa Blanca, aunque era hija del Conde Eru Custodio, lo que en realidad la convertía en Duquesita, muy a su pesar. También por que ya no ocultaba sus largos y extraños cabellos blancos.

Cuando llegaba a la sala de estudio, escuchó gritos y risas. No tardó en ver el motivo. Estaban burlándose de un chico bajito y escuálido al que tenían rodeado y mirando al suelo. Se sintió molesta y cuando iba a intervenir, él levantó la vista y sonrió cuando Nora vio el azul de sus ojos.


Agosto2
Título: Azul.
Objetivo: 10- Continúa un cuento en lugar de aceptar el final.
Género: Fantástico




Y ahí queda eso, con pegatina molona incluida. Ya mismo Ránking al día y Audios <3 Espero que mis relatos os entretengan un rato. No olvidéis comentar, tanto si os gustan como si no, la gente creativa nos alimentamos de Feedback y si no podemos comer, nos chuchurrimos... Comentadme las entradas y haced feliz a una escritora ;3 


(ESTARÁS CONTENTA...Pues sí, bastante... ¿Y LO DE MAÑANA?...Uy... ¿Y LO DEL LUNES??)... Em... Y LO DEEEE... ¡Vale! Lo pillo, tengo faena maldita sea, ya lo sé xD Déjame respi... NO TIENES TIEMPO DE RESPIRAR!¡¡YARESPIRARÁSLUEGO!!!XD... Vaaale..me llevo el aire en un táper O_o xD... ANDA VE Y PONTE AL LÍO QUE LLEGAS TARDE YA )