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jueves, 31 de mayo de 2018

OrigiReto de mayo: primer y segundo relato.

Hola! Aquí os traigo mis dos relatos de mayo, esta vez en una sola entrada porque no me da el tiempo para más, sinceramente. Tengo muchisimos proyectos, muchisima faena y absolutamente nada de tiempo. Así que os dejo con los relatos y os informo de que en cuanto pueda subiré otra entrada con un comunicado sobre mis relatos del #Origireto2018. Gracias por leerme y no olvidéis comentar.

Al final de esta entrada podéis encontrar el Ránking definitivo de mayo.




Punto de partida.


Rojo, así lo veía todo. Lo único que había hecho desde que aparecí en el mundo humano había sido matar, descuartizar. Mancharme de sangre. Ni siquiera podía alimentarme del aura de los humanos, su energía es pobre, amarga, y absorber sus estúpidas emociones me da dolor de cabeza. Ni los pocos conocimientos que adquiría con cada muerte me servían de mucho, así que dejé sus banales recuerdos y experiencias pudrirse junto con sus cuerpos. De vez en cuando, al azar, elegía a uno de ellos para ir aprendiendo lo básico, tratando de ignorar la sensación asquerosa de haber vivido sus miserias. Por suerte, pronto desaparecía, dejándome con un par de cientos de palabras nuevas y alguna información de dudoso valor, que por lo general me proporcionaba más preguntas que respuestas.

Los humanos son criaturas extrañas, la verdad, tengo claro que nunca voy a entenderlos del todo...

Aprendí pronto a hablar, no tiene mucho misterio, pero no es lo mío. Después de haber habitado durante milenios en otra dimensión, con un cuerpo no cambiante, a diferencia de este, el sonido de mi propia voz me resulta demasiado abstracto. Hey, no me malinterpretes, mi voz es sexy y molona, pero no veo la necesidad de hablar. Aunque no entendiera las palabras, puedo sentir la energía de los demás e intuir lo que realmente tratan de decir, sus emociones, sus intenciones... Es bastante útil y me basta para actuar según convenga, pero hay pocas cosas que yo quiera hacer saber a los demás.

Mientras mis garras goteaban sangre en medio de aquella masacre en la última iglesia de la zona, otra de tantas, lo único que quería era ir a verla, metida en aquel frasco a medio llenar de líquido luminiscente.

No podía tocarla. Ese bastardo de Zoilo se había encargado bien de cubrirla de encantamientos de protección. Solo por acercarme más de la cuenta, la primera barrera mágica saltaba, activando una cobertura a mi alrededor que me mantenía al vacío, comprimiéndome, hasta que dejaba de moverme. No es que necesite el oxígeno para sobrevivir, pero te aseguro que era realmente desagradable. Además, se activaba las veces que hiciera falta, como un detector de movimiento. Si por algún casual hubiera logrado desasirme de la primera barrera, la segunda protección no solo era un escudo impenetrable salvo por Zoilo, si no que, en caso de romperla, la tercera era una anulación de mi propia invocación, o lo que es lo mismo, si alguna vez llegaba a estar tan cerca de ella, mi presencia desaparecería de este mundo, se anularía el vínculo inconcluso que tenía con ella, y por tanto, lo que me mantenía con esa forma.

Otra vez estaría en la nada. Rodeado de nada. Viendo nada y haciendo nada. No quería volver allí. Si eso sucedía, jamás podría volver a sentir a Nía y estar enlazado a ella era lo más cálido y dulce que puede sentirse en este mundo y en el otro.

En fin, que llevaba días masacrando iglesias y palacios. Quizá meses. Sabía de mí todo el reino, aunque tenía muchos nombres: Demonio de las Tinieblas, Lobo de sombras o incluso Lobo de Sangre. Había muchos más, pero se me fueron olvidando con los siglos. Fue un año oscuro. Oscuro como yo.

La verdad, por aquél entonces la vida humana no me importaba en absoluto—Bueno, ni ahora tampoco, para qué vamos a andar engañándonos a estas alturas, pero al menos trato de disimularlo... Ya llegaremos a eso—, así que me limitaba a obedecer y servir. Lo único que quería era que Zoilo liberara a Nía y que ella quisiera completar nuestro vínculo tanto como yo.

Salí de la iglesia mientras reducía mi tamaño, convirtiéndome en un lobo de brea, sin pelo, negro y de aspecto viscoso. Vi el carro parándose frente a la verja y me dirigí hacia él mientras el ansia crecía dentro de mí. Podía sentir su presencia cada vez más cerca a medida que reducía la distancia. Erudito no detuvo a los caballos y pasó de largo siguiendo la carretera.

No sé como decir esto sin quedar como un capullo, pero no, Erudito no me caía bien. Y ya sabemos que el malo de la peli es Zoilo, pero es que no sé que tenía ese chaval que no podía con él. Siempre siguiendo las ordenes de ese tío y pegado a Nía... No me gustaba. Era evidente que se había vuelto adicto a la savia de Yddgrasil, probablemente llevaba años sin envejecer, y no puede salir nada bueno de una criatura no mágica consumiendo magia.

Luego vi a Zoilo, llevándola sentada en el regazo. La respiración se me aceleró y no precisamente por ir al trote junto al carruaje. Podía sentir el aura de Zoilo, su asquerosa sed por Nía y me dieron ganas de saltar al carruaje y arrojarlo bajo las ruedas. Pero los caballos se asustarían si me acercaba y eso era peligroso para la pyukee.

A Zoilo le gustaba asegurarse de que el trabajo estaba hecho, y esta era la última iglesia, volvíamos a casa. El viaje era largo y la carretera no demasiado buena. Me mantuve al trote cerca del carro hasta la madrugada, cuando sentí algo extraño.

Estaba alimentándose de ella, de nuevo.

¿Cuántas veces más iba a hacerlo? Intenté contener la rabia, pero cuando me llegó el olor de su sangre, enloquecí. Salté al carro cambiando de forma y los caballos se encabritaron desestabilizando el carruaje. La sangre dibujaba un hilo por su espalda blanca y apagada como una gran gota de lluvia del color equivocado. Su luz se agotaba mientras la oscuridad de Zoilo devoraba su esencia como quien vacía de miel una colmena, sin dejar nada para las abejas.

Cuando Zoilo me vio se puso en pie dejándola caer. Sentí su sorpresa, su temor, mientras perdía pie a causa del traqueteo. Por un segundo, todo lo que salió de él fue miedo.

Sentí su aura, la real. Todo había sido mentira.

Le ataqué por instinto, mi temperatura subió incinerando al instante parte del carruaje y todos caímos al suelo. La tenía tan cerca que casi pude rozar su mejilla. Por un segundo sentí mi cuerpo volviéndose sólido, y su nombre apareció en mi muñeca antes de ver que me estaba desvaneciendo.


Mala idea.



Muy mala idea.





Lágrimas invisibles



Diario de investigación del Doctor Eru Custodio.



Registro de enero del año 1809.

Empiezo este proyecto con ansias y con la albricia del perfecto funcionamiento de la máquina que mi difunto abuelo diseñó. A diferencia de los fallidos intentos de mi padre, que malgastó su vida a la sombra de los méritos de sus antepasados sin aportar nada a la familia más que deudas y mala fama, yo he decidido devolver la gloria al apellido Custodio, recuperando la confianza del linaje de los Sanger, a quienes siempre hemos servido.

A mis diecisiete años, no solo he adquirido los conocimientos médicos, químicos y técnicos necesarios para llevar a cabo este estudio, si no que he memorizado los libros de mis antecesores y aprendido a preparar sus soluciones y medicamentos.

Por si fuera poco, también memoricé la historia mágica, los secretos del mundo oculto, la teoría de hechizos, el libro mágico en todos los idiomas posibles, y por supuesto, absolutamente todo sobre las pyukees y concretamente, sobre Nía.

Donde mi padre fracasó, yo triunfé. No solo sigo con los estudios de mi primer antepasado, Erudito Custodio, de quien heredo el nombre y quien se sabe que vivió por lo menos 300 años, si no que mis descubrimientos harán que nadie recuerde que soy hijo de un cualquiera que acabó con las reservas de savia mágica del Emperador de España, Zoilo XXXIX, y provocó su própia ejecución antes de que yo naciera, relegando a nuestra familia al anonimato y a trabajar sin ningún reconocimiento en un sótano mohoso sin ventanas.



Registro de febrero del año 1809

La pyukee, a la que voy a referirme a partir de ahora como “el sujeto”, se muestra letárgica, inactiva y no comunicativa. Tenía entendido que la adicción de mi padre a la savia le había enloquecido hasta tal punto, que había terminado agotando el líquido, dejando al sujeto sin lo que se creía que era su sustento, provocándole ese estado de hibernación no del todo inconsciente. Pero en los archivos secretos de la colección del Emperador, hay datos con resúmenes sobre antiguos manuscritos, donde consta que está en ese estado desde fechas anteriores al siglo XII, al parecer, a causa de un demonio. La información es confusa y no tiene demasiado sentido, pero me pareció entender que algún tipo de conjuro muy poderoso se anuló y algo salió mal, dejándola así. Tampoco he sido capaz de encontrar una relación entre su estado y esa falta de líquido.

Meterla en la solución glucosa fue uno de los experimentos de mi abuelo, tratando de encontrar un fluido en el que mantenerla durante periodos largos mientras estudiaban la savia. También se había intentado encontrar nuevos arboles de Yggdrasil, y con ellos nuevas pyukee y mucha más savia mágica, pero según los textos antiguos, Nía fue la última pyukee y su árbol se esfumó pocas décadas después de su encuentro. La savia mágica desapareció con él y ninguna expedición volvió a tener éxito jamás.

Pero gracias a eso, mi abuelo descubrió como crear nueva savia, no tan mágica ni concentrada como la original, pero con esencia de Yggdrasil al fin y al cabo, de la que fabricó tabletas que hoy yo puedo seguir fabricando a escala reducida. Su diseño, mi máquina, nuestra creación, harán que la savia sea pura y brillante, como el libro mágico describe.



Registro de marzo de 1809.

Se terminaron las preparaciones.

El individuo está sobre la mesa de pruebas y sigue sin haber reacción. Su cabello está empezando a caerse y a volverse arena, así que he decidido mantenerlo recogido con una red para evitar dañarlo innecesariamente. Debería desprender luz, brillar, pero su aspecto es casi gris y entiendo por qué el Emperador ha perdido su interés en ella. Está muriendo, no me queda mucho tiempo.

Empiezo la rutina de pruebas:

Privación del aire: Tras unos 30 segundos su cuerpo convulsiona. No hay reacción más allá de la necesidad física de respirar.

Terminaciones nerviosas: busco reacciones físicas, por medio del tacto. Sin reacción. Los pinchazos en manos y pies tampoco producen ninguna alteración visible. Uso la aguja larga en su cintura, sobre la costilla flotante. La introduzco perforando la piel, y el músculo hasta rascar el hueso. No hay reacción.

Biopsias: Tomo un fragmento de piel de la nuca, otro de grasa y un tercero de fluido.

Temperatura: La exposición al hierro candente y al frío tampoco producen reacción.

Por último muevo sus articulaciones, y de nuevo busco una reacción física. Me gusta acariciarla, en ocasiones un poco de más, pero nunca hay respuesta.

Cuando voy a alzarla para meterla en el tanque de solución glucosa, me parece ver sus ojos moverse al pasar su propia muñeca por su campo de visión. Tiene algo, una marca sobre la piel de la muñeca, pero no vuelve a haber reacción. Probablemente solo lo imaginé.

Todo listo, el sujeto está en el interior del tanque. La he conectado a un tubo para respirar y los agarres y cadenas la mantendrán hundida. Por fin activo la máquina girando el mecanismo y manteniendo la rueda en movimiento. Puedo sentir el estallido de la primera descarga y la luz del rayo que recorre el tanque a través de ella es tan cegadora que creo que algo ha estallado. La segunda descarga es mucho más larga y puedo ver como tensa y doblega su pequeño cuerpo en un espasmo interminable. El tercero es casi igual de largo, pero mis ojos están cegados y solo sé que se ha detenido porque el zumbido ensordecedor ha cesado.

Algo ha salido ardiendo, puedo olerlo. Estoy temblando de la impresión y la incertidumbre. Sigo viéndolo todo blanco y luminoso, pero me doy cuenta de que mi visión ya no está afectada. Ha funcionado. La electricidad ha obligado a su cuerpo a generar magia convirtiendo el líquido azucarado en savia de Yggdrasil.



Registro de abril de 1809.

El experimento ha sido un éxito. Creé 537L.

Por otro lado, los ojos del sujeto han perdido el verde, el cabello se le ha caído y ha entrado en un estado vegetativo sin reacción alguna. No es posible crear más savia de ella y ya no es de ninguna utilidad. El Emperador Zoilo, como premio a mis méritos, ha decidido otorgarme el honor de decidir el destino del sujeto.



Ranking definitivo de mayo:




Los ejercicios son el 20: crea un relato que suceda en una carretera durante la noche y el 13: describe una escena de acoso desde el punto de vista del atacante.


Y eso es todo, aquí podréis encontrar las normas del #OrigiReto2018 en mi blog y aquí en el de Stiby. Recordad que también hay algunos audios sobre noticias del reto. Y nada más, un saludito y recordad comentar.



(¿Hoy no hay comentarios?.... .... .... .... .... Ok, ok, buenas noches...)

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