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miércoles, 31 de enero de 2018

OrigiReto de enero ¡¡¡Por fin!!!

Como ya sabéis, llevo desde diciembre metida de lleno en el reto de escritura creativa  que organizo junto con Stiby para este año, #OrigiReto2018, tanto corrigiendo como comentando los ejercicios de los participantes(...Y MOLESTANDOLES POR TWITTER TAMBIÉN... Nnnno puedo decir que no a eso xD...), y tenía el primer ejercicio de enero desde hacia bastante pero por rollos personales(...BLA, BLA, BLA, SI TE PONES A LLORAR ME VOY...¡Eh! Que no estoy llorando xD...)que no vienen al caso, me he visto empujada a terminar el segundo ejercicio a contrareloj, por lo que los dos relatos que os pongo a continuación no son exactamente lo que pretendía, pero me conformo con tener los 10 OrigiPuntos de la pegatina completa y que haya quedado algo aceptable esta vez. Esperemos que pueda redimirme en febrero ;P.

En fin, a lo que vamos. Para quien esté interesado en saber de que va el OrigiReto, trata de escribir uno o dos ejercicios de escritura creativa al mes, de una lista de 24(aunque no hay minimo, puedes escribir ocasionalmente), e ir ganando puntos al cumplir los objetivos para subir en el Ranking. Aquí las bases del reto en este mismo blog:
OrigiReto Creativo 2018
y en el de Stiby aquí.
También puedes encontrarnos en Twitter como @Musajue y @Stiby2, y en el Hashtag del #OrigiReto2018.

Os dejo con mis dos relatos de enero
y como soy molona, añado una canción que creo que pega bastante con el primer relato, para que os acompañe la lectura ;3.

**Actualización 22-3-2018: Ya podéis acompañar la lectura de enero1 con el audio añadido junto al título y en el recopilatorio de audios del Blog =^w^= (la calidad es baja, recomiendo escucharlo junto con la lectura del texto)**



Lo que no se ve (Audio)

Me lavo las manos en la orilla de la laguna para librarme del jugo de las bayas y un pez se acerca curioso. Jugando, salpico de agua a las luciérnagas que siempre revolotean incansables alrededor de mis cabellos brillantes y ligeramente luminosos, sin lograr espantarlas. Soy extraña. Extraña y desagradable, por eso la gente del pueblo no me quiere cerca. No les gusto. Vivo en una cabaña abandonada a las afueras desde que la abuela murió.

Casi no recuerdo a mamá, ella desapareció cuando yo era muy pequeña, pero la abuela decía que nos parecíamos y que la abuela de la abuela de mi abuela tenía los cabellos del blanco más puro que jamas haya existido y que brillaban como la luna llena, que se llamaba Pyukee y que una vez fue el corazón de un árbol. Pero también ella había desaparecido entonces.

Mamá no desapareció. Nunca se lo dije a la abuela pero, a mi pesar, recuerdo cómo sucedió todo. La gente del pueblo dijo que era mala, que hechizaba a los hombres y era hermosa porque dormía con el demonio y por eso sus hijos eran engendros del infierno. Y la desnudaron y le hicieron cosas horribles mientras ella lloraba y luego la lanzaron al fuego junto a mi hermano pequeño, mientras degollaban a mi abuelo Zoilo por tratar de impedirlo y mi abuela me mantenía escondida en un canasto.

Sé poco de mis antepasados a parte de eso: tengo una herencia familiar; un libro antiguo y raído que no sé leer. También sé que a veces, muy pocas, las mujeres de mi familia nacen con luz en los cabellos, que el bosque nos llama, oímos y vemos cosas que los demás no pueden, pero no entiendo por qué y la gente nos odia por ello, a mí y a cualquiera que sea como yo o lo parezca. Pero ahora estoy sola, ya no debo decir “nos”.

También sé mi nombre: Oria, Oria Sanger. Me lo puso mi madre. La abuela decía que era porque mi pelo castaño brillaba como el oro cuando nací, pero nunca he visto el oro. Y que soy pequeña, más pequeña que la gente normal. Mi familia crece poco, la abuela y mamá también eran pequeñas. Tengo 17 años, quisiera ser más alta, pero parezco solo una niña.

Eso es todo lo que sé.

Entro en la cabaña a la vez que desaparecen los últimos restos de claridad del día. Es pequeña y no hay puerta, solo un harapo mohoso y desgastado que ondea con la brisa. Tampoco hay cama, pero hice un nido de hojarasca y tengo una manta que tejí con restos de ropas viejas, puedo cobijarme debajo si tengo mucho frío, como ahora.

Miro una última vez la tela ondeante que apenas se ve en la oscuridad y me acurruco bajo la manta. El olor a hojas de arce me endulza el momento, pero tengo miedo, sé que las pesadillas no me van a dejar dormir, porque no hay puerta.

Me acaricio el vientre sintiendo el frío de mi mano sobre la piel tierna. Algo me pasa. Mi barriga está gorda, no deja de aumentar y tengo miedo. Hay algo creciendo dentro de mí. Se mueve y siento que me absorbe la vida. Algo malo que no es como yo.

Nadie me lo explicó, yo no lo entendía, pero ahora lo sé. Lo sé porque así es como funciona. Los niños no nacen de los árboles como la abuela de la abuela de mi abuela, nacen de una unión, por eso hay hombres y mujeres. Pero ellos odiaban a mamá y la quemaron. Los niños nacen del amor y no del odio, pero ellos vinieron y no había puerta que les impidiera pasar, tan solo entraron y daban miedo y nadie habló y no hubo amor en nada de lo que me hicieron, como a mamá.

En el pueblo dicen que soy hija de un demonio. Si eso es lo que soy y los niños nacen del amor, ¿qué va a salir de dentro de mí? ¿Algo como ellos? Ellos son los demonios. Tengo tanto miedo y no deja de crecer y crecer. ¿Cuánto tiempo más va a seguir ahí? ¿Cuánto más se alimentará de mí? Y lo que es peor, ¿cómo va a salir? ¿Me desgarrará? ¿Me va a matar? No hay forma de que salga de mí sin dañarme.

Un escalofrío me recorre la columna de pronto y el dolor que siento me quita el aire. Algo está mal. El dolor vuelve una y otra vez, lo entiendo, pero algo está terriblemente mal. No es como yo, el niño no es como yo, puedo sentirlo, igual que un árbol enfermo, igual que el suelo yermo, algo está tan mal...

Veo las pequeñas lucecitas a mi alrededor, mis adorables compañeras, siempre conmigo como diminutos ángeles de la guarda. Sé que no me entienden y que no van a responderme, pero el dolor me da un descanso y no sé si seré capaz de seguir respirando la próxima vez que venga si no dejo de llorar, necesito decirles lo mucho que significan para mí en este momento.
Mis preciosas estrellitas, gracias por no dejarme sola...

Dejo de llorar, pero no porque me sienta mejor, solo he perdido el conocimiento, pero el dolor me devuelve la conciencia sin piedad. No tarda en salir el sol, colándose como un invitado curioso entre la tela raída y las maderas de la entrada para alumbrar el frío cuartucho. Y de pronto, todo ha terminado. Sigo con vida, exhausta, ensangrentada, sedienta, temblorosa y pegajosa, pero con vida.

El pequeño niño no está llorando. No es un demonio, pero viéndolo así, cubierto con mi sangre, es como estar presenciando la oscura premonición de un futuro nefasto. Me está mirando. Su pequeño cuerpecito lleno de vida se mueve inquieto, pero no llora, solo me mira fijamente, tan lleno de vida y tan vacío. Ya sé qué le falta y no soy la única, las luciérnagas ya no están. Le temen, igual que yo, pero no por lo que el niño tiene, si no por lo que no: no tiene nombre, pero eso puedo solucionarlo, le llamaré Zoilo, como mi abuelo, pero seguirá faltándole lo más importante, corazón, no tiene sentimientos.

Zoilo es un niño sin amor.




Lobo

Los cuatro pequeños se mueven nerviosamente en el interior de la caja tratando de salir en mi dirección, agitando los bigotes y centrando en mis manos sus pequeños ojillos todavía en desarrollo.
¿No cree que son demasiado pequeños para regalar?—pregunto al anciano del vecindario, al que no sé cómo dirigirme después de tres años de saludos fugaces y reverencias por cortesía.
Lo son, mi encantadora joven, pero esos morroños no tienen madre a la que añorar. Si vos no os lleváis alguno, morirán de pena o terminarán en algún caldero mugriento del barrio de herrerías.
¿Qué pasó con la madre?—pregunto curiosa eligiendo al azar uno de los pequeños.
El anciano duda, se mesa la barba rala, se lleva a la boca una pequeña brizna de hierba aromática y baja la voz como si estuviera a punto de hablar de una terrible catástrofe.
Son malos tiempos, querida, incluso para los gatos... Esa gata no desaparecería sin más. Los animales no huyen dejando olvidada a su descendencia atrás. Si no regresan es porque no pueden.
¿Insinuáis que alguien se los lleva?
El anciano me mira fijamente, sin hablar, casi como si fuera capaz de ver a través de mí con sus ojos casi ciegos y blanquecinos. No puedo evitar que el malestar se cuele en la conversación erizándome el vello de la nuca y poniéndome la piel de gallina. Por un momento parece que la plaza haya quedado en silencio y no es hasta que un tipo alto y despeinado tose junto a mí que no percibo que el anciano y yo ya no estamos solos.
No le hagáis caso, solo sabe contar cuentos. Es un precioso otoño de 1049, no deberíais perder el tiempo con las pamplinas del anciano. ¿No oyó los rumores? Encontraron a uno de esos lobos grises atrapado con los restos de los pollos, en el corral de la viuda. Es por los lobos que los gatos y animales no regresan. Demasiados lobos, debería organizarse una batida antes de la luna nueva.

No quiero socializar, ni quedarme en la plaza más tiempo del necesario, así que doy las gracias al anciano por el gatito y me despido de ambos bajando la cabeza.

Claro que sé sobre los rumores, puedo oír los aullidos todas las noches, e incluso de día, si te acercas lo suficiente a las afueras, puedes verlos merodeando en grupos y husmeando por los cultivos de las granjas de las colinas. Acelero el paso y pronto veo la choza donde vivo, en el linde de la aldea. Sé que siempre están cerca, puedo sentir sus presencias animales y a menudo, ver el reflejo opalino de sus ojos si me asomo al ventanuco durante la noche. Pero ya nunca miro. Sé que algo les atrae hasta aquí, que están inquietos, pero verlos, saber que están viéndome, me hace sentir acechada y confusa.
La gente cree que vienen por que está siendo un invierno duro, y bajan al calor del valle y a por comida fácil, pero yo sé que hay algo más, puedo sentirlo. No estaban aquí cuando llegamos hace tres años.

Le oigo canturrear al entrar en la única estancia de la barraca, algo rítmico y repetitivo con palabras que no entiendo. Lleva haciéndolo unos días. No le di importancia hasta que lo descubrí una noche ojeando y pasando las páginas del viejo libro con un sonido crujiente. Creí que jugaba. Luego empezó a decir palabras, nombres, cosas extrañas, a hablarme de un extraño lugar en un bosque, de los árboles de yggdrasil y sus raíces infinitas, del manantial de luz y de leyendas antiguas como el sol, cosas que un niño de 6 años no puede conocer y no sabes que pensar. Pero todo me suena tan familiar, conocido, ¿cómo lo sabe? ¿A caso lo inventa? De pronto, como si de un puñetazo de tratara, una palabra en su cancioncilla me hace necesitar el aire.

Zoilo, cariño, ¿puedes repetir a mamá lo que acabas de decir?
¡Hola!—dice casi como un reproche por no haberle saludado al entrar y lanza una mirada al gatito en mis manos sin ningún interés—¿Qué traes?
Repítelo, cielo.
¿Te gusta mi canción?—dice con expresión soberbia. No habla ni se comporta como un niño de 6 años.
Claro, enséñame a cantarla.
Dice, bayun baku Pyukee...
¿De dónde has sacado ese nombre, se lo oíste a mamá?
¿Qué nombre?—pregunta molesto por la interrupción—Pyukee no es un nombre, es lo que son.
¿Son? ¿A quienes te refieres?
Las criaturas del bosque ¿No lo sabes? Son Ninfas.
¿Cómo conoces todo eso?
Por el libro...
¿Puedes leerlo? ¿Cómo has aprendido?
No sé, puedo ver luz en las páginas y las luces bailan y cantan cuentos... Mamá también brilla. Pero yo no tengo luz, solo puedo verla. Quiero la luz de mamá.

Sus manitas se acercan a mi cara y yo solo puedo pensar en que deberemos huir de nuevo, que la gente sabrá que no somos normales y habrá una hoguera esperándonos vayamos a donde vayamos, que Zoilo no tiene la magia, pero sí puede verla, y mientras sus deditos fríos rozan mis mejillas y sus palmas se posan sobre mi piel, siento una vibración, un frío que crece a su alrededor y comprendo que está absorbiendo mi luz, que la oscuridad que le crece dentro quiere alimentarse de ella, mi pequeño tiene hambre de la magia que no es capaz de crear.
Me siento cansada y sin fuerzas, oigo su vocecita, cantando de nuevo esa melodía y el sueño se apodera de mí embotando mis sentidos y apagándome los pensamientos.

Cuando despierto tengo el cuerpo entumecido. Estoy agotada, tirada en el suelo de la choza con los cabellos desparramados alrededor, sucia de tierra, y se me ha dormido el brazo derecho. Oigo un golpeteo constante y repetitivo que me hace sentir todavía más mareada y cuando logro enfocar la vista, veo a Zoilo. Está sentado en el suelo, de espaldas, encorvado y dedicando a algo toda su atención. Creo que es de nuevo el libro hasta que me incorporo y le veo sonriendo por primera vez, jugando con el gato.
No, con el gato no, con el cuerpo destrozado del gato.

Mamá, mira...—Su expresión cambia al ver el miedo en mí—Han sido los lobos.






Y por último, la pegatina y los objetivos y ya estamos. Los relatos corresponden a los ejercicios "23- Escribe los pensamientos de una embarazada que tenga miedo a que su hijo salga violador o psicópata" Y el "4- Escribe un relato en el que el protagonista se convierta en un asesino".
Espero que os hayan gustado y que volváis a por más en febrero ;P 
Y si os mola, siempre podéis seguir mi blog, dejar comentarios o animaros a formar parte de la lista de participantes del OrigiReto ;3 


EDITADO: Ah, por cierto, añado también el Ranking definitivo de la puntuación de enero para quienes queráis ir viendo o guardando los progresos de mes a mes =^__^= Este Ranking no se modificará.



(...ANDA QUE NO HAS TENIDO QUE CORRER PARA TENERLO A TIEMPO JAJAJA... No se dónde le ves la gracia, si no hubiera logrado completar la pegatina habrías estado lloriqueando un mes... YO NO LLORIQUEO KAT, EXPONGO DE FORMA IMPECABLE Y CONVINCENTE LO BIEN QUE SE TE DA EL FRACASO... Que te estás ganando otro mes sin escribir ¿eh? ... UPS XD...)

2 comentarios:

  1. Buenas! Al fin leo tus dos primeros relatos para seguir el orden correcto. Qué puedo decir, me han encantado los dos.
    El primero me parece una manera perfecta de presentar al personaje de la madre y dar retazos del mundo en que se desarrollan estas historias. En el segundo presentas al niño ya como alguien tan interesante como inquietante. Creo que ambos relatos se complementan muy bien y sirven para fomentar la dualidad de madre e hijo. Y lo mejor, dan muchas ganas de continuar con la historia.

    Un arranque muy potente para este Origireto, enhorabuena!

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  2. Gracias Jose Luis! Por leer y por tu comentario. en realidad había algunos comentarios más, pero he estado de reformas y los tengo guardados a la espera de un ratito para volver a colocarlos por aquí :P

    Bueno me alegra que decidieras a empezar la historia y espero que te sirva para entender algunas cosas y te motive a continuar los capítulos ^^
    Un saludito.

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