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miércoles, 28 de febrero de 2018

OrigiReto de febrero: justo a tiempo.

Os traigo mis dos relatos de febrero! Ya hemos pasado el segundo mes del #OrigiReto2018, y tengo que reconocer que está siendo una experiencia estupenda, la implicación de los jugadores sigue siendo muy buena, este mes también ha habido mogollón de relatos entregados y de mucho nivel. Enhorabuena a l@s participantes por los OrigiPuntos acumulados. Ya tenéis el Ranking de febrero justo al final de la entrada...


Os dejo mis dos ejercicios del OrigiReto de enero (recomiendo leerlos primero):
Y a lo que vamos, os dejo mis dos relatos del mes de febrero y la musiquita para acompañar, como siempre. Espero que os gusten y recordad dejarme un comentario para saber qué os han parecido y hacerme muy feliz ;3 (¡Y ENRROLLAOS SIGUIENDO EL BLOG, VENGA! QUE TENGO FACTURAS QUE PAGAR... Publicidad agresiva ahí... ALGUIEN TIENE QUE HACERLO... Pero el blog es gratis -__-... ¡CALLA, QUE ESO NO LO SABEN!... No me times a los fans... ¿QUÉ FANS, MALDITA LOCA?... ¡Oye! xD)


Canciones:







Supervivientes.


La procesión avanzaba lenta entre la maraña de zarzas y arbustos del angosto terreno boscoso. Había sido difícil acceder al valle cargando lo necesario para la expedición y ya oscurecía, así que un grupo había avanzado para organizar el campamento donde pasaríamos la noche. Cuando nos reuniéramos todos descansaríamos unas horas, con suerte. Aunque decir todos sería engañoso, no todos habían llegado hasta allí y muchos menos regresaríamos.

El bosque era traicionero, casi como un ser vivo, un depredador acechando a su presa para enrredarla entre sus tentáculos llenos de espinas ponzoñosas. Ni siquiera tenía nombre: la gente no nombra los lugares a los que no va. Y nadie iba al bosque.

Estaba maldito, encantado. Podía sentirse incluso desde fuera. Maldito o no, la realidad era que aquél lugar no tenía piedad. Aguas envenenadas, aires tóxicos, plantas venenosas, animales feroces... Nadie asociaba la magia, cada vez más común, a ese lugar, solo la muerte. Nos habíamos topado continuamente con cuerpos sin vida en estados muy diversos, cuerpos humanos, abandonados y olvidados allí para siempre, sin opción de escapar incluso después de soltar su último aliento. Todos tenían miedo y nadie quería realmente estar allí, pero 20 monedas de oro eran muchas monedas, la mitad por adelantado y otras diez a sus familias si no regresaban. Tras las últimas muertes y desapariciones, descubrimos que parte del problema era la cantidad interminable de fuegos fatuos que infestaban el valle. Incluso a mediodía a pleno sol, el lugar era oscuro y denso, y los pequeños espíritus azules y brillantes llamaban la atención de los incautos, sumiéndolos en un trance hipnótico, atrayendolos lejos del grupo y haciendo que la densa espesura los engullera para siempre.

Logramos mantener los fuegos fatuos alejados rodeándonos de antorchas y acelerando el paso para mantener a la gente activa y centrada. Si podíamos recuperar los equipos, repartíamos el peso de lo más indispensable entre los que quedaban, pero ya no tratábamos de recuperar a los perdidos. Nadie regresaba de la búsqueda.

Yo iba ligero, pero los campesinos, soldados y hombres de oficio reclutados, llevaban demasiado material, demasiado peso. No solo los bártulos de rigor, víveres y equipo básico, si no montones de hachas, sierras, picos y un extraño frasco ridículamente grande, transparente como el hielo, de un material azulado y pesado al que solo yo, a cargo de la expedición, y el teniente, como mi apoyo y supervisor, reconocíamos como algo llamado cristal. El recipiente medía algo más de un metro y la abertura estaba sellada con madera blanda. Lo había estado arrastrado una mula en una pequeña carreta junto con los víveres, pero al entrar en el bosque, la carreta y la mula habían quedado atrás. En realidad, nada de eso parecía ser tan importante como el extraño artilugio que portaba en el bolsillo. Aunque el mando de la expedición estaba a mi cargo y recaía sobre mí, de forma indiscutible, la responsabilidad de marcar el rumbo del grupo, era aquella extraña brújula lo que me indicaba hacia dónde debía guiar el avance de la expedición, compuesta en su gran mayoría por leñadores rudos y jóvenes incautos, que se habían adaptado sin problema al ritmo rápido y duro del avance, más por la fuerza que les daba la necesidad del oro que por la experiencia. No era así para alguien como yo, acostumbrado al estudio, que a pesar de ser ágil y despierto, tropezaba a menudo y seguía el paso con dificultad, algo natural dada la peligrosidad del medio por el que nos movíamos.

No parecía una brújula en realidad, si no algún tipo de indicador que no marcaba el norte. Tenía el tamaño de una moneda gruesa, la parte inferior era de hierro y la superior, de aquél raro cristal que mostraba el interior relleno de líquido. En mi privilegiada posición de erudito, reconocía que era aceite incoloro, junto a media gota roja y misteriosa que hacía filigranas deslizándose por él sin llegar a mezclarse, chocando insistente contra el interior de hierro del pequeño recipiente sellado, como si quisiera perforarlo y salir en esa dirección. Durante las últimas horas, se movía con tanta intensidad que el indicador había empezado a vibrar, haciéndome ocultarlo de los ojos curiosos.

Los últimos rezagados llegaron al campamento junto con las primeras estrellas y la noche se abría paso como si llegara tarde. La inquietud de la pequeña turba arremolinada frente a la hoguera se hizo más que evidente al instante. A penas se había reunido un tercio del grupo inicial. Estaban asustados, habíamos perdido a demasiados.

De pronto, alguien reparó en el tímido fulgor que empezaba a teñir de blanco los cielos del sur y los gritos de asombro se unieron a las quejas cada vez menos civilizadas. Temíamos una revuelta, así que calmamos los ánimos como bien supimos y me acerqué al fuego con solemnidad, tratando de situarme en el centro de la reunión. A pesar de mi corta edad, todos me respetaban por mi estatus y conocimiento, a diferencia del líder militar que me acompañaba y supervisaba en la expedición, quien a pesar de su experiencia y alto rango, era brusco, belicoso y con poca mano izquierda. Hacerme cargo del discurso era la opción inteligente: a mí me escucharían, siempre que mantuviera mi respeto hacia ellos, como siempre.

Amigos... —Carraspeé y empecé de nuevo con decisión— ¡Amigos! Sé que ninguno de vosotros conoce el motivo de la expedición, que la mayoría sois leñadores, herreros y también ganaderos. Gente de labranza. Que habéis venido a trabajar y a ganaros el sustento para mantener a vuestras familias. Pero solo habéis pasado penurias durante días hasta llegar hasta aquí —La multitud asintió murmurando, pero logré acallarlos con un gesto apaciguador—. Pero ya hemos llegado, estamos tan cerca... —Miré hacia mi mano de refilón, donde el indicador vibraba frenético por culpa del líquido extraño—. ¡Esta noche no dormiremos! Hay que llegar al orígen de esa luz. Doblaremos la recompensa.

El silencio se alargó un par de segundos mientras señalaba hacia la claridad del sur, pero si hubo alguna intención de revelarse por parte de los presentes, esa última frase las desintegró. En cuestión de minutos, no quedaba del campamento mas que un montón de cenizas embarradas donde había estado la hoguera.







Como un pez de colores.


Solté aquél artilugio loco en mi bolsillo exasperado por la vibración cuándo lo vi. Brillaba entre la hojarasca del suelo, tan blanco que cegaba. Me agaché, apartando hojas y tierra en un arranque histérico. Habíamos llegado. Apenas a unos metros. vimos un fulgor verdiazul entre la vegetación y aquél árbol inmenso entre nubes de luciérnagas. Majestuoso e imponente, se erguía en medio del claro como una divinidad, iluminando el bosque y el lago a sus pies con esa luz tibia y pura. Sus raíces se entrelazaban con la tierra como telarañas que se entretejían con el mismo bosque, enredándose con la vegetación, formando arcos inmensos que perforaban el suelo húmedo como un mal zurcido y extendiéndose por las profundidades del lago como gigantescas serpientes luminiscentes, volviendo el agua extraña, cristalina y azul.

Yggdrasil... —susurré tratando de mantener la compostura mientras comprobaba que el minúsculo torbellino de líquido rojo me diera la razón— ¡No bebáis del lago! —ordené— Organizad el campamento y llevad las herramientas a la base del árbol.

Los hombres obedecieron sin rechistar. Construyeron una tarima y antes del amanecer ya habían empezado a talar a cuatro metros del suelo, como les había ordenado. Pero el avance no era ni de lejos tan rápido como cabía esperar. El ambiente entre los presentes era de desconfianza y miedo. Había peleas y las desapariciones e intoxicaciones no ayudaban a serenar la inquietud. Algunos temían estar destruyendo algo mágico y sagrado, quedar malditos por el acto salvaje de destruir aquella maravilla de la naturaleza, pero la recompensa era demasiado jugosa como para negarse y estaban demasiado lejos de casa como para marcharse sin más. Ninguno de ellos quería regresar abandonando la seguridad del grupo.

Desde que hubo sospechas de la existencia de brujas como verdaderas usuarias de poderes sobrenaturales a comienzos de siglo VII, y conocimiento de la magia y sus criaturas desde el año 894 d.C., la gente temía todo lo relacionado con ello. Les asustaba cualquier cosa fuera de lo convencional y 181 años después, el temor se había vuelto un odio creciente hacia todo lo relacionado con la existencia de la magia, casi siempre sin motivo aparente, ya que muy poca gente había visto algo genuinamente mágico, ni su vida se había visto afectada por nada relacionado con ello, directa o indirectamente. Además, la gente astuta y maliciosa estaba empezando a usar las falsas acusaciones para deshacerse de rivales, enemigos y blancos de sus envidias. Y lo peor, dirigentes, nobles y caballeros, no habían perdido el tiempo los últimos años, aprendiendo a usar ese odio como herramienta para controlar y meter miedo al pueblo.

Para mí, aquella era la primera vez que interactuaba con algo mágico. Estaba fascinado. Había empezado a estudiar escritos y documentos sobre cualquier cosa sobrenatural desde que había sido capaz de leer gracias a la tutela del Duque, quien había compartido conmigo parte de sus amplios conocimientos, y dirigir la expedición, aunque fuera bajo la supervisión del teniente, era un verdadero honor. Por descontado, cumplir con éxito la misión, era más importante que la cantidad de vidas que pudieran perderse en ella, incluida la mía. Y aunque la muerte y los peligros nos rodeaban constantemente como una soga al cuello, merecía la pena si con ello lograba servir a los objetivos del Duque, fueran cuales fueran.

Pero estaba siendo complicado, no solo por el grosor de la madera, si no por que era casi tan dura como la piedra. Tres días pasaron sin apenas descanso hasta que logramos acceder al corazón del árbol y la savia lechosa, espesa y luminosa, comenzó a brotar como lava líquida hacia el exterior, pringando el tronco y el suelo hasta diluirse en el agua del lago. Tardamos otro día en canalizar el fluido para llenar el frasco de cristal y lograr abrir una abertura lo suficientemente amplia cómo para acceder al interior: ese era mi objetivo.

Impaciente por actuar y algo mareado por el efecto embriagador del intenso y delicioso olor dulzón de la savia, me até la cuerda con prisas y pasé de la tarima a la madera viva de una zancada. El agujero de entrada formaba un pasillo irregular de casi tres metros de largo, que perforaba el árbol hasta la mitad y se estrechaba a medida que llegaba al centro, desde donde aún fluía ese líquido vital hacia el exterior, como un pequeño manantial de jugo de luz casi iridiscente. Era fácil perder pie por el suelo astillado, pero podía usar las muescas de la madera para sujetarme.

En el corazón del árbol, la luz era cegadora y el olor, tan intenso que no podía dejar de salivar. Había una cavidad central en forma de lágrima de unos dos metros y medio de ancho por cuatro de alto, y la entrada talada llegaba casi al techo del hueco. La cavidad, inundada por la savia, estaba llena de filamentos, cabellos blancos y finos que salían de la madera y se hundían en el líquido, como los hilos que unen las semillas y la carne en la calabaza, y se desprendían cayendo a plomo sobre el líquido brillante, rompiendo su superficie espejada como si fuera mercurio.

Me metí lentamente, sumergiéndome hasta la barbilla, tratando de no enredarme en la maraña de filamentos. Todo era tan brillante que apenas distinguía nada. Estaba caliente, todo el interior palpitaba como un ser vivo. La euforia me apretaba el estómago, no sabía si de emoción o por efecto de la exposición al líquido mágico, así que no perdí el tiempo.

¡Abrid el frasco! —grité hacia el exterior.

Me hundí en la sangre dulce y cálida del árbol y tanteé a ciegas. Fue tan simple.

Salí a la superficie y el sabor del cielo se metió en mi boca. Tomé aire calmándome mientras salía del líquido sentándome en la abertura. Miré como la savia se deslizaba dejando su piel al descubierto. Sus cabellos blancos se desprendieron al unísono de la pared de madera liberándola y respiró por primera vez mientras un temblor recorría su cuerpo. Diminuta, tiritaba entre mis brazos, las gotas caían de sus pequeñas alas blancas y emplumadas como lluvia de verano, mientras abría lentamente sus maravillosos ojos verdes de criatura centenaria. En el mismo instante en que me miró, la luz, el universo, todo desapareció, excepto ella y yo.

Pyukee.




Y esos han sido mis dos relatos de febrero correspondientes a los ejercicios 17, "Describe una noche o crea un relato que suceda en un bosque encantado." y 9, "Describe un despertar original." y mi preciosa pegatina completa x3 Gracias por vuestro tiempo <3






Recordad que podéis apuntaros cuando queráis mientras queden plazas y que podéis contactar conmigo y con Stiby a través de Twitter buscándonos como @Musajue y @Stiby2, o en el hashtag #OrigiReto2018.


Para que no os perdáis nada, añado el enlace a las normas del OrigiReto, dónde encontraréis la lista de 24 ejercicios, Ranking actualizado y todo lo que necesitáis saber: OrigiReto Creativo 2018 Blog de KATTY y en el blog de Stiby  AQUÍ.






(PFF, QUE TÚ TE CREES QUE ALGUIÉN VA A PILLAR EL TÍTULO DEL SEGUNDO RELATO... Venga, no seas aguafiestas, hay que tener fe xD... PUEDES TENER FE EN LA TEORÍA DE CUERDAS, LA INTELIGENCIA HUMANA ES UN MITO... Tú eres humana O_o... YO NO EXISTO CARIÑO XD... Vaaale, ahí me has pillado xD... 😎)